lunes, 20 de diciembre de 2010

Diciembre...


Mareada del bullicio de la gente y de la cantidad de palabras que rodean mi escucha sin dejarme tiempo tan siquiera de oírme a mí misma, he llegado a la afanosa conclusión de hacer cambios irreversibles en mi vida, quizá sea una apresurada y estúpida decisión, pero el correr de los días está matando lentamente lo que quedaba de una persona tranquila, alegre y divertida para convertirla en alguien sin dirección que hasta lo más profundo del ser ha sido víctima de ello. (Por supuesto estoy hablando de mí).

Diciembre, espere por ti 334 días y pensé que iba a ser un mes inolvidable, y seguramente si lo ha sido, pero no precisamente lo que desee, aunque no discuto la voluntad de Dios, porque respeto su grandeza e inmensa bondad y el así lo ha querido, y como dicen por ahí “Dios no cierra una puerta sin antes abrir otra”, seguramente mi ceguera racional está presente en cada uno de mis actos y lo he pagado con creces de sufrimiento y agonía insaciable.

Soporte mucho, incluso fui masoquista, viví de ilusiones y espejismos, pero supongo que entendí. (Ver el problema desde otro ángulo demuestra un avance significativo o progresivo que conlleva a la solución y pronta superación del mismo)

“Vos me mantenías asoliado” fueron las últimas palabras que pude escuchar antes de que la tristeza me consumiera, y es que acaso los celos no son normales en una relación o tal vez fuiste una pareja de comportamiento intachable. Tan solo me pregunto…

Mentir es el camino más fácil para zafarse de las responsabilidades adquiridas, pero con más efectos secundarios que la verdad, yo no juzgo tu interés por alguien más, solo reprocho la manera en que me di cuenta, ahora me dedicare a alimentar el alma con calmantes de traición para tranquilizar mi afligido corazón lleno de dolor que se acentúa con cada frase tuya.
Escribo lo que pienso en el momento que lo siento y seré una egoísta deambulando por el mundo sin nunca aceptar que te perdí para siempre.